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Revisión del papel de Alemania en Europa

Preocupación por una creciente desconfianza ante el actual modelo alemán sobre Europa es lo que desprende el discurso que el excanciller Helmut Schmidt leyó en el reciente congreso del Partido Socialdemócrata de Alemania (SPD). Schmidt, en silla de ruedas, maestro nonagenario, hizo una de las aportaciones más sugerentes en el cónclave de sus compañeros. Ahora que los socialistas españoles están inmersos en un debate de ideas sobre su futuro, se puede sugerir que incluyan este documento entre los papeles a estudiar, sobre todo entre los que tratan de analizar la política europea. El texto de Schmidt se titula explícitamente Alemania en y con Europa. Hay tres tesis fundamentales en el discurso que terminan en un corolario muy rotundo. Primera, que Alemania no puede ser un ejemplo acrítico para el resto de las naciones europeas, a pesar de la potencia de su economía y de ser un pagador neto en el seno de la UE, pues “la gran reconstrucción de las seis últimas décadas no la hemos hecho los alemanes solos y con nuestras propias fuerzas”; sin la ayuda de las potencias vencedoras, sin la inserción germana en los cauces de la UE y de la OTAN, sin la ayuda de los Estados vecinos, sin el fin de la dictadura comunista, tales logros no habrían sido posibles. “Nosotros, los alemanes, tenemos todas las razones para estar agradecidos. Y, por tanto, tenemos la obligación, ejerciendo la propia solidaridad con quienes nos rodean, de hacernos dignos de la solidaridad recibida”. Segunda: los superávits alemanes son los déficits de los demás. Se ha producido una enojosa vulneración del ideal del “equilibrio del comercio exterior” que hace ya muchos años formularon los socialdemócratas. La tercera tesis es la que más se acerca a la crisis actual: Alemania no debe propagar una política de deflación por toda la zona. Al tiempo que se sanean los Presupuestos hay que iniciar y financiar proyectos fomentadores del crecimiento. Sin crecimiento, sin nuevos puestos de trabajo, ningún Estado va a poder sanear sus Presupuestos. Quien crea lo contrario que estudie las consecuencias últimas de la política deflacionista de 1930-1932 de Heinrich Brüning: la misma desató una depresión y un paro de dimensiones insoportables y provocó el hundimiento de la primera democracia alemana. Schmidt coincide con Habermas cuando el filósofo declara “que por primera vez en la historia de la UE vivimos un desmontaje/desmantelamiento/retroceso de la democracia”. Sobre todo cuando el poder del dinero no se pliega al poder compensatorio del Estado. –

8/1/12 Joaquín Estefanía
EL PAÍS

Categorías:Opinión
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